Causas de la desnutricion infantil

Como padre preocupado, usted es sensible a las necesidades nutricionales de su hijo, y eso incluye evitar los factores de riesgo que podrían conducir a la desnutrición. Comprender las principales causas de la desnutrición puede ayudarle a crear buenos hábitos en lo que respecta a su propia salud como padre, así como a la salud de su hijo. La desnutrición, en esencia, es una deficiencia dietética que da lugar a un mal estado de salud.

Normalmente pensamos en la desnutrición cuando los niños no comen lo suficiente de los alimentos adecuados. También puede ocurrir cuando los niños comen demasiado de los alimentos equivocados. Lamentablemente, estos factores combinados contribuyen a que más de 170 millones de niños no alcancen su pleno potencial debido a una mala nutrición.

A continuación, desglosamos cuatro factores principales que contribuyen a la desnutrición infantil: La malnutrición se considera el factor de riesgo más importante de enfermedad y muerte en todo el mundo y se asocia al 52,5% de todas las muertes de niños pequeños [1-4]. Según UNICEF, la OMS y el Banco Mundial, de los 161 millones de menores de cinco años que se calcula que sufrían retraso en el crecimiento en todo el mundo en 2013, más de un tercio residía en África [5]. Además, cerca de un tercio de los 51 millones de menores de cinco años con emaciación y de los 99 millones con bajo peso eran también de África [5].

Además, aunque se ha producido un descenso mundial de la insuficiencia ponderal del 25 % al 15 %, África ha experimentado el menor descenso relativo de la prevalencia, pasando del 23 % en 1990 al 17 % en 2013 [5]. En los niños, el bajo peso al nacer, los problemas de alimentación, la diarrea, las enfermedades recurrentes, el sarampión, la tos ferina y las enfermedades crónicas, entre otras, aumentan el riesgo de desnutrición [6-8]. Estos factores varían de una localidad a otra y los niños menores de cinco años son los más expuestos.

Los factores sociales también influyen en la malnutrición y, en la década de 1990, la malnutrición se asoció a madres jóvenes y a un bajo nivel socioeconómico materno en el Hospital Infantil Princesa Marie Louise PML [6]. Las consecuencias de la desnutrición son muchas y han sido ampliamente documentadas [2-4, 8, 9]. Incluye un mayor riesgo de infección, muerte y retraso en el desarrollo cognitivo, lo que conlleva bajos ingresos en la edad adulta, un escaso crecimiento económico y la transmisión intergeneracional de la pobreza [9].

Los niños con desnutrición tienen una capacidad reducida para luchar contra las infecciones y son más propensos a morir de enfermedades comunes como la malaria, las infecciones respiratorias y las enfermedades diarreicas [2-4, 8]. Los niños que nacen con bajo peso y tienen un retraso en el crecimiento intrauterino corren un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad, así como de otras formas de malnutrición, en comparación con los bebés sanos. También tienden a desarrollar enfermedades no transmisibles como la diabetes y la hipertensión en la vida adulta [10].

Por lo tanto, las intervenciones para reducir la malnutrición deben comenzar antes del nacimiento. La promoción de la lactancia materna, la alimentación complementaria adecuada, la administración de suplementos de vitamina A y la gestión de casos de malnutrición son las medidas más eficaces para prevenir la malnutrición o sus efectos [11, 14]. Los programas de eliminación de parásitos y las transferencias monetarias condicionadas sólo han resultado eficaces en contextos específicos, mientras que hay pocas pruebas de la eficacia de intervenciones como la supervisión del crecimiento.

Intervenciones como la inmunización y la educación sobre prácticas higiénicas limpias y el asesoramiento nutricional en las clínicas postnatales y de bienestar infantil también pueden prevenir la malnutrición [15]. Una de las causas subyacentes de la malnutrición es la pobreza y ésta está lejos de ser erradicada. Durante las dos últimas décadas, el número de personas afectadas por la pobreza extrema en el África subsahariana casi se ha duplicado, pasando de 164 millones en 1982 a unos 313 millones en 2002.

La pobreza por sí sola no conduce a la malnutrición, pero afecta gravemente a la disponibilidad de cantidades adecuadas de alimentos nutritivos para las poblaciones más vulnerables. Más del 90% de las personas desnutridas viven en países en desarrollo. Ciertas enfermedades e infecciones, como la tuberculosis, el sarampión y la diarrea, están directamente relacionadas con la malnutrición aguda y son una de sus causas subyacentes.

La combinación de enfermedades y malnutrición debilita el metabolismo creando un círculo vicioso de infección y desnutrición, que conduce a la vulnerabilidad a la enfermedad. El VIH y el SIDA se han convertido en una de las principales causas de desnutrición aguda en los países en desarrollo. Un niño infectado por el VIH es más vulnerable a la desnutrición aguda que un niño sano.

Los medicamentos antirretrovirales son más eficaces cuando se combinan con una ingesta de alimentos adecuada y regular. Por ello, garantizar una dieta saludable es un aspecto importante del control y el tratamiento del VIH. La desnutrición pone en riesgo la vida y el futuro de los niños.

Un tratamiento a tiempo puede salvar la vida de los niños; sin embargo, los que permanecen sin tratamiento corren el riesgo de morir, de sufrir retrasos en el crecimiento y de ver afectado su desarrollo cerebral, lo que repercute en la capacidad de aprendizaje y el rendimiento escolar, así como en la participación en la fuerza laboral. Los niños desnutridos también son más vulnerables a enfermedades infantiles como la diarrea y la