Que es una persona indispensable

No estás solo. Es un reflejo humano de autopreservación. Todos queremos ser reconocidos como alguien que aporta un valor único e inigualable a la empresa.

Sin embargo, ser indispensable difiere de ser esencial no sólo en su definición, sino también en la forma de alcanzar este estado. Exploremos esas diferencias. Llevo trabajando en el desarrollo de software web desde 2001, y he conocido a muchas personas que se han convertido en indispensables, a veces a propósito, a veces involuntariamente.

Un ejemplo clásico es el de un desarrollador que trabajó durante mucho tiempo en un sistema que se va retirando progresivamente, pero que se sigue utilizando. El resto de la empresa migra hacia la nueva tecnología, pero se necesita a alguien que mantenga ese sistema heredado, ya que algunos clientes siguen utilizándolo. La seguridad en el empleo es una gran preocupación para muchos empleados en la fuerza laboral actual.

Saber que tantos puestos de trabajo están siendo subcontratados, recortados o renovados, por ejemplo, hace que sea especialmente difícil creer que el trabajo de alguien esté completamente seguro, dice Rita Friedman, una coach de carrera y redactora de currículos con sede en Filadelfia. «Pero en cualquier lugar de trabajo hay personas que son absolutamente indispensables, es decir, que la productividad se paralizaría si de repente dejaran de estar allí. Y no sólo los ejecutivos de nivel C tienen esta distinción; podría ser un empleado de cualquier nivel en cualquier departamento de la organización.»

Stever Robbins, coach ejecutivo y personal y uno de los 10 mejores podcasters de negocios, está de acuerdo. Cuando eres indispensable, alguna parte de la empresa no puede funcionar sin ti, dice. «Puede que tengas un conocimiento que es único para ti, una posición en la organización que es única para ti o una habilidad que es única para ti».

En imágenes: Cómo ser indispensable en el trabajo Muchos de nosotros deseamos ser la persona de la que nuestro empleador no puede prescindir. La percepción más común es que ser indispensable en el trabajo significa «hacer el trabajo» mejor que nadie. Ser la persona de referencia, el experto, la fuente de conocimiento.

Y si te posicionas para ser esta persona, tu cotización en la organización aumenta. Te vuelves indispensable, tu poder de negociación es fuerte y tu seguridad está garantizada. Ser indispensable significa que eres la persona a la que hay que acudir.

La persona de la que depende la gente. La que consigue que las cosas se hagan. Igualmente importante es que no hagas promesas que no puedas cumplir.

Casi siempre se confía en la palabra de una persona indispensable. Es mejor sorprender a tu equipo con más de lo prometido que decepcionarlos con menos. Intenta encontrar una tarea que tu equipo necesite completar y conviértete en la mejor persona o en la única que lo haga.

Puedes ser la persona a la que los demás acudan en busca de ayuda para esa tarea o habilidad concreta. Por ejemplo, domine una determinada técnica de hoja de cálculo o un programa informático que utilice su empresa. Convertirse en un experto en la materia le da la capacidad de enseñar a otros que necesitan esa habilidad, añadiendo valor a su equipo y mejorando su capacidad para alcanzar los objetivos.

Puedes demostrar que eres digno de confianza completando constantemente las tareas asignadas correctamente y a tiempo. Cuando sus compañeros de trabajo le pidan su opinión, sea sincero y ofrezca comentarios constructivos. Su equipo y su jefe confiarán más en usted.

Tanto si se trata de una reunión con un cliente importante como de una conversación informal durante el almuerzo, intente dejar una impresión positiva en las personas con las que se relaciona. Muestre interés por la vida y el trabajo de los demás. Esta actitud puede hacer que la gente se sienta inclinada a incluirte en futuros proyectos y decisiones.

Además de ser una persona «a la que hay que acudir», hay que crear nuevas personas «a las que hay que acudir» a partir de cada «sí», así como encontrar y utilizar a personas «a las que hay que acudir»», dice Zwilling. «Fomenta una cultura en la que servir a los demás es lo que supone ser indispensable». ¿Has intentado hacerte indispensable en tu trabajo?

¿Quizá te has convertido en esa persona «imprescindible» sin la que el departamento no puede vivir? Tus hábitos en casa se reflejarán en el trabajo. He leído sobre personas que podían beber como un pez todas las noches y seguir dedicando un número determinado de horas productivas al día siguiente, pero en la mayoría de los casos ese comportamiento acabó por pasarles factura.

Sus debilidades personales, fuera del horario, debilitaban su trabajo. Relacionado: La disciplina es lo que lleva al éxito Es difícil imaginar que se pueda vivir sin control en casa y luego apagarlo como un interruptor cuando se entra en la oficina. Es una contradicción fundamental, y eso no es sostenible.

Una grave adicción a la holgazanería, a la televisión o a la navegación sin sentido por Internet durante tus horas de intimidad no puede sino perjudicar tu rendimiento cuando estás trabajando. Durante mis 35 años de relaciones públicas trabajando en sectores corporativos, gubernamentales y sin ánimo de lucro, solía ser yo la que bailaba por la oficina con el pelo en llamas, haciendo malabares alegremente con múltiples fechas de entrega, todas previstas para esta mañana. Casi siempre era la primera en llegar cada día y la última en marcharse.

Parecía sentir un orgullo perverso al ser reconocida por todos como la i